60 días o 2 meses, vivencias ajenas y vivencias propias; todas reunidas en dos cuerpos distintos, todo lo que se aleja termina acercándose de nuevo. El día tenía que llegar y sin ningún ánimo de involucrar sentimientos, Luna y Mateo vuelven a verse las caras.
Nada ha cambiado en ellos, las mismas personas, los mismos principios. El trato es el mismo porque hay cariño y hay respeto, algo mutuo que ellos solo saben pero que no lo dirán porque no es adecuado, hay cosas que quedaron atrás y que Mateo decidió por cerrar hace mucho en la última página del libro.
Se vieron en el mismo lugar de siempre, donde se conocieron. En las mismas atmósfera de vidrio, el mismo aroma y sensación de que todo dentro de allí estaba cargado y renovado de una vibra no tan positiva que contagiaba a los dos chicos que se veían después de mucho tiempo. Los saludos eran gélidos y algunos ignorados.
Ya ninguno quería permanecer ahí después de solo 5 minutos, el trato era hostigante y las presencias unidas no eran bien recibidas por cuestiones que omito contar. Solo dos ex compañeros se mostraron solidariamente buenos u amenizaban una tarde de invierno.
Mateo para todo ello logró captar algunas fotos de Luna, fotos no tan bien enfocadas pero fotos al fin. Fotos que quedarán en la memoria ya que terminan siendo uno de los últimos recuerdos de los prófugos amores. La tarde avanzaba y seguía su curso, como ellos también ya que realizaron un viaje a un parque miraflorino.
Todo pasaba desapercibido, solo existían ellos dos y nadie más; se confesaban cosas y la relación amical iba tomando forma. Hablaron de todo un poco, era un mix de conversación. Ambos se prestaban atención y aunque Mateo decidió no mirarla mucho a los ojos por cierto temor, ella era cómplice a ello pero prefirió no decirselo. Sabía que Mateo interpretaría el mensaje.
Cercanos al final del encuentro ambos recuerdan el libro y tocan temas a ello, él solo le recuerda que ella es Luna y ,confiesa, que hará otro libro, mas no sabe si tratará de ella. Luna está embarazada, va a traer una bendición al mundo y dentro de su caos ella encontró la calma. Mateo, solidario y humilde, atina a brindarle su apoyo completo. Siguen caminando, la luz de este capítulo se apaga, ella se despide con un beso y otra vez (como diría Calamaro)... buena suerte y hasta luego.
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