martes, 13 de junio de 2017

Tomada por asalto

Son microsegundos que se dan, el lugar no siempre es específico, puede ser un banco, la calle misma, un hogar, son momentos de tensiones en donde solo una cabeza pensante es capaz de lograrlo, de tentar ante alguien. Tal vez sea ilícito, tal vez sea una manifestación a un deseo o necesidad, tal vez es una demostración. Todo sucede en cuanto menos te lo esperas, quizá imaginas que nunca pasaría. Tampoco imaginas el lugar, hasta en las calles más angostas suceden estos sucesos, esta vez fue un auto con aproximadamente 20 personas.
Iban sentados y la víctima fue inocentemente llevada al acto, la conversación fluía y se dio todo para que en microsegundos este tipo con agallas de digne a robarle, a hurtar algo tan especial para la víctima.
Nadie se alarmó, fue un robo justo y necesario, un deseo de cariño y es que robar no solo implica algo material. Robar, a veces, es demostrar algo y esto tomo las vías de un beso, uno lindo, uno especial. Este tipo nunca robó nada en la vida, y la vida lo premió con un robo, un robo tan especial para ambos. Ella no se alarmó, sus sensores nerviosos le producían una risa de vergüenza como también al ladronzuelo que solo se incitó a pecar pues sentía que esos labios pedían a grito su nombre.
Robar en estos casos es ingenuo y modesto, robarle un beso a alguien es riesgoso e ilícito pero lo prohibido es tentador y despierta los más lindos deseos en uno, qué mas lindo que robarle un beso, un beso a la chica que a uno le gusta. Fue de esos robos que incitan a más. Los microsegundos más bonitos llevadas en un robo, un robo pasional.