viernes, 18 de agosto de 2017

EL retrato de Eva

Nadie sabe a ciencia cierta cómo fue Eva ni Adán. Pero yo vi a Eva vestida de Luna. Viví en carne propia la presencia de Eva. Era tal cual la imagen que me daban en el curso de religión para colorear. Solo que la vi ya pintada y tatuada, una Eva moderna, diminuta pero hermosa; era el retrato de Eva. 
Eva, la de imagen pura y noble, tentada por el diablo vestido de ángel. Caída en el mundo de los daños colaterales del libertinaje, la buena vida y la poca vergüenza. Era el retrato de Eva. 
Eva la de los rizos, bonita y tentadora mirada, mirada incitante al pecado. Ella fue el infierno de Adán, que quedó preso de amor, en el paraíso. Un paraíso cómodo, provocador, lugar perfecto para hacer de ese lugar 'el'paraíso. 
Eva ya había probado de la manzana prohibida, una manzana que hizo efecto y que fue causa de las perdiciones de Eva. Esta manzana fue atrayente ante Adán, el pobre introvertido cayó en redes de Eva y probó de la misma manzana. 
Una manzana que se explayó en besos, caricias, oscuridad, y aunque Adán aún no tenía el privilegio de ver el retrato de Eva sabía que estaba cerca de ello. Los besos a Eva eran más provocadores; en medio de la oscuridad Adán veía a Eva más provocadora como si el infierno, paradojicamente, fuera, perdidamente, su paraíso. 
Adán caído en sus instintos, sentía a Eva de manera más pasional, no importaba que fuese el infierno, no importa si se convertía en un pirómano empedernido, sentir a Eva era el oasis. Las caricias eran mutuas, los besos eran correspondidos, ambos sentían sus cuerpos; todo esto producto de la manzana del pecado. 
El clima en ese paraíso era fantástico, ardían internamente, el exterior calibraba sus seres. Sus deseos carnales llevaba a Adán a ir desvistiendo a Eva y así ser testigo de la obra de arte más espectacular de todos. 
La primera prenda iba saliendo producto del momento apasionado y extraño, ambos se sentían cohibidos aunque sabían lo que hacían, Eva regresó a su estado más puro pero le duró poco, tentada ya por el diablo, ella se sintió ella y besaba con más pasión a Adán que también iba a la misma intensidad que la gloriosa mujer de rizos castaños y piel canela. 
Sentir su piel, para Adán, era exquisito, provocador, desvestirla era utópico pero real. La adoraba desde ya, no importaba manzanitas tentadoras, demonios, ni paraísos, no importaba nada, eran ellos dos. Solos, a oscuras y flotando en ese lugar donde habitaban. Era el momento, no había más. 
Para Adán, ver el retrato de Eva, de una Eva moderna, a la moda, verla ha sido de las sensaciones más memorables, era un sentido de excitación máximo. Piel canela por dentro y por fuera, rizos que iban flotando en el aire mientras esos labios se sacudían en los suyos. Sus tatuajes de Eva eran tocados como una sinfonía perfecta por las manos de Adán, su cuerpo diminuto era tocado como una guitarra y daba las pautas precisas, era arte puro el que Adán veía cerrar sus ojos a Eva, mientras se besaban y esas pestañas eran las más lindas. 
Adán logró estar en un estado líbido, ver sus senos  y otras partes más de ese cuerpo ha sido espectacular. 
La endemoniada Eva era la perfección, era el retrato más bello en pleno siglo XXI. Sus manías, sus encantos, sus misterios, sus maneras de provocar a Adán ha llegado al éxtasis. Dejó marcas en la mente,alma y cuerpo de Adán. El retrato de Eva existe, y Adán tuvo el privilegio de verlos. 
Es momento de despertar.

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